Ahora resulta que los jóvenes encarnan todos los males: son egoístas, no cumplen las normas, no tienen miedo al contagio, son insolidarios y, por decir barbaridades, son los culpables de estar matando a nuestros ancianos. Clasificar a toda una generación es muy injusto, como toda generalización.

METROPOLIS FM

Este año está siendo muy duro, muy largo y muy cansado para todos. Cumplimos ya 9 meses de pandemia y las fuerzas están bajo mínimos. Ahora viene una segunda oleada de contagios, con su segunda oleada de restricciones, y empieza el baile de echar culpas: a los dirigentes, a los científicos, a los sanitarios y a los ciudadanos en general.

Sin embargo, estos días se llevan la palma los jóvenes, en quienes hemos decidido volcar todas las culpas de la actual situación.

Ahora resulta que los jóvenes encarnan todos los males: son egoístas, no cumplen las normas, no tienen miedo al contagio, son insolidarios y, por decir barbaridades, son los culpables de estar matando a nuestros ancianos.

Clasificar a toda una generación es muy injusto, como toda generalización. Es cierto que algunas de esas cosas están pasando. Pero también es cierto que nuestra juventud es muy amplia, y posiblemente estemos poniendo el foco en una minoría.

Si les sirve de algo mi experiencia de 12 años dando clases en la universidad, la juventud que yo he conocido es muy distinta de esa que sale hoy culpabilizada. Yo he visto a mis alumnos trabajar y esforzarse; los he visto llenar la sala para donar sangre cada tres meses en mi escuela; los he visto colaborar en el voluntariado de la Universidad; los he visto ayudarse entre ellos y trabajar conjuntamente; los he visto participar en competiciones deportivas; los he visto manifestarse por el Mar Menor, por una educación de calidad y por tantas otras causas.

En definitiva, los he visto llegar con 18 años, con ganas de comerse el mundo, y los he visto salir 5 o 6 años después, como ciudadanos formados, dispuestos a trabajar, y hacer mejor esta sociedad.

Pero si de algo estoy orgulloso especialmente, es del gesto que tuvieron ayer domingo esos jóvenes de Logroño que, sin pedir nada a cambio, sin que nadie les dijese nada, decidieron organizarse y salir a recuperar el mobiliario y los destrozos que habían causado los intolerantes de siempre el día anterior. En esa juventud, yo me reconozco y confío.